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Las canciones eligen su momento…

“Las canciones eligen su momento y su estación. Si tu instrumento suena a lata, suele haber una razón. EL tono de una tonada es la voz de tu corazón, y de un pozo enlodazado no sacarás agua clara. Si no dejas que el cieno se asiente, sonarás áspero como rota campana”.

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Kvothe-Chorts by DonatoArts

Pequeño poema sacado del libro 2 de las saga El nombre del viento: EL temor de un hombre sabio.

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A falta de máquinas del tiempo y teletransportación, MÚSICA.

Canción – Not slaves

encadenado

Si quieres escucharla te dejamos el enlace: https://www.youtube.com/watch?v=-hIfYtFl6OY

Imagen editada, obtenida de internet.

Cuando la luna nos dio su canción

Antes de todo, aunque de manera atrasada, FELIZ AÑO NUEVO A TODOS!!:D No hemos publicado mucho pero regreso con esta breve historia.

Cuando la luna nos dio su canción

Sigue tocando, es como si estuvieras aquí…

Un día, cuando la escuché por primera vez, descubrí que la magia existía. Me invitó a su casa y yo accedí. Lo primero que captaron mis ojos fueron las teclas de un piano, descansando paciente al fondo de la sala.

-¿Tú tocas? Pregunté.

-Un poco, respondió.

Tranquilidad, silencio, lluvia, alegría y mi sueño más anhelado se materializó, una estela de melancolía se difuminaba frente a mis ojos, no sé si se iba o venía, era de color azul y no era mi imaginación. Ella seguía ahí, tocando bajo la lluvia, dentro de la casa, tocando porque yo se lo pedí. Parpadeaba mucho porque el agua se metía en sus ojos, aunque ahora que lo pienso, podría haber estado llorando y se aprovechaba del momento.

Dejó de tocar y todo se diluyó como acuarela, no se sorprendió de mi propia sorpresa y solo dijo una cosa: Eres el primero que la escucha. Yo me quedé mudo por un buen rato, ella solo se sentó a mi lado. Finalmente pregunté:

-¿Viste lo que yo vi?

-No -respondió- ¿cómo iba a verlo estando de espaldas?

Cierto, pensé, al tocar el piano me daba la espalda y sus ojos empapados apenas miraban, sus manos debían haber memorizado los movimientos. Mientras, yo me aliviaba que no lo hubiese visto, no habría sabido cómo reaccionar o qué decir, me creí loco, pero antes de convencerme a mí mismo de eso me ofreció café y lo olvidé porque actuaba tan normal. Que ingenua era, o quizás lo era yo.

“Te quiero”, me dijo al despedirme y al escucharlo esta vez, a pesar de que ya me lo había dicho antes, su voz generó en mi mente un acorde que jamás se podrá hacer alguna vez en ningún instrumento. Ya había anochecido y era cuarto creciente, por primera vez el cielo nocturno me sonreía ¿Qué significa?

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Desde ese día ya no miraba las cosas de la misma manera ni las escuchaba igual; de vez en cuando me parecía escuchar alguna nota dulce y aguda o trazos de alguna melodía; de vez en cuando me parecía ver aquella misma estela con mi vista periférica pero al voltear rápidamente desaparecía. Minutos después mi celular vibraba, un mensaje suyo… La acuarela no se diluía.

-Muéstrame lo que escribes, ¿sí? –Me pidió.

-Espera a que lo termine, ojalá te guste.

-Sí me gustará.

-Entonces prometo que te lo enviaré en cuanto termine.

Escríbeme otro verso, es como si estuvieras aquí…

No podemos decir ciertas cosas porque pensarían que estamos locos, el explicarse es inútil. Ella me confió un secreto, uno que solo yo entendería, y mi mayor deseo ella lo supo mucho después, yo se lo debía. No sabría explicarlo muy bien, siempre hablábamos, intercambiábamos nuestros gustos, yo le mostraba mis escritos con o sin petición, ella su música preferida y sus canciones en piano, y en cada ocasión escuchaba un gota de agua caer, reverberaba como si estuviera en un lugar inmenso y vacío, lo curioso es que lo escuchaba dentro de mi pecho. Yo no volví a pedirle que tocara aquella primera canción por temor a verme descubierto.

Lo que tú crees fantasía puede representar tu realidad, sólo tú puedes entenderlo. Una vez me lo dijo, aquel era su secreto y creí en ese momento que lo comprendía, pero no lo hacía del todo.

-No se lo cuentes a nadie, no sabrán lo que significa.

-No lo pensaba hacer.

Y vi en sus ojos el destello de la ilusión de compartirme sus pensamientos, sus sentimientos y hasta los más profundos secretos que ni ella misma conocía.

-¿Puedo preguntarte qué más viste aquel día?

-Solo te diré que lo que vi es lo que más deseo en esta vida… Pero ¿cómo lo hiciste?

-La magia se presenta cuando viertes en lo que haces todo de ti, puede hasta mostrarte pistas del destino que tus pasos llevan.

-Entonces haré magia escribiéndote.

-Pero si ya la haces, me haces ver lluvias de estrellas fugaces. Siempre he querido ver una, a veces también llueve y a veces estás tú.

No había nada que agregar, yo no me lo esperaba ni sabía cómo interpretarlo; instantáneamente sonreí y la abracé, así la tuve por largo tiempo. Me pregunté si ese era algún otro tipo de magia e incluso llegué a sentirme orgulloso de mí mismo.

Hasta el momento no estoy muy seguro de cómo es que la conocí, no recuerdo si la encontré en algún lugar por casualidad, si tropezamos mientras íbamos caminando por la calle, si la vi y le hablé o al revés; y me siento mal por eso, siempre recuerdo esas cosas y nunca le he preguntado, no quiero que sepa que no lo recuerdo. Me pregunto si ella lo hace y si como a mí la niebla opaca su memoria cuando intenta recordarlo, yo sólo sé que apareció de una manera extraña, inusual.

-Te extrañaré -me dijo en vos apenas audible, eso es porque escondía su rostro en mi pecho y no dejaba de abrazarme con fuerza.

-Yo te extrañare más.

-Eso es imposible.

Era de noche, al siguiente día ella emprendería un viaje inevitablemente largo, inevitablemente prolongado. Esa noche la estela azul nos envolvía, controlaba su respiración para controlar las lágrimas. Comprendí entonces que aquel goteo que surgía de mi pecho eran esas lágrimas que nunca cayeron de sus ojos por no hacerme llorar, y encontraron un lugar donde caer, se anticiparon al momento que ya sabíamos que llegaría. Entendía la lluvia que nos mojó aquel día en que conocí la magia, entonces llegó mi momento: Mi más anhelado sueño -le dije- eres tú.  Me cantó una de sus canciones y me pidió un verso más.

Una mañana, mientras tomaba café, escuché de nuevo aquella canción en el piano; sabía que era ella, que estaba tocando y que lo hacía para mí. Sigue tocando, dije desde mi corazón, es como si estuvieras aquí; y luego de eso le escribí mil versos más.

Un día, cuando la vi por primera vez después de lo que a mí me pareció un largo, largo tiempo, descubrí que ella existía, su sonrisa me lo confirmó. Yo también era real, su sueño también se cumplió.

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Primera imagen tomada de internet

Segunda imagen obtenida de alguien especial que a su vez la tomó de internet 😛

 

Una melodía

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A veces no es la letra
Sino una melodía la que habla más,
la que saca cada palabra de tu corazón
Sin pronunciar ni una sola.
Es una melodía la que te transporta,
te ata o te libera,
te hace olvidar… O te recuerda,
es una melodía la que entra en tu más ocultas memorias
o sale y las cierra.
A veces no es la letra, es la melodía
la que dice más sin palabras
que con millones de ellas
lo que canta tu alma.

EL que escucha música siente que su soledad, de repente, se puebla.

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