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Vacíos

Para crearme un esporádico y falso sentimiento de libertad, he salido de mi encierro y me he aventurado por las calles transitadas de esta nueva ciudad que tiene aires de festejos habituales y de falsas amistades. Realmente no sé lo que busco, talvez un café rústico donde sirvan un buen capuccino y suenen música tranquila para poder leer a gusto, tal vez una pastelería que me ofrezca algo novedoso qué probar, talvez un paisaje que me inspire y que me saque de mi bloqueo de escritor; y con suerte nadie querrá hablarme pues no vine escapando de la soledad sino que vine persiguiéndola.

 

Pero no importa a dónde vaya, sea que me quede en mi cuarto o me aventure en un mar de gente, la sensación de que algo me falta por ver o por hacer no me abandona. Quizás por eso me atreví por esta a vez a evadir los usuales lugares despejados y solitarios por los que me inclino, a experimentar otros olores, sonidos y colores aunque sea por un rato, a descubrir el gusto de la gente por las lúgubres calles invadidas de murmullos indescifrables y pasos y miradas sin expresión pero… solo he recordado por qué busqué mi sitio en el lugar más alejado, solo se me ha hecho un hueco en el corazón porque no soy libre aún, no ahora. Las ciudades se extienden sin que yo logre adaptarme y yo creí que aquellos que lo hacían eran más capaces de lograr emocionarse casi a voluntad por las meras ganas de hacerlo, por pequeña que fuera la razón, y yo quería ser como ellos; pero me bastó con ver sus rostros, observar un poco de su andar, para notar que sus exaltaciones son producto de tristezas arraigadas y olvidadas, tan profundas que ya son imperceptibles y por ende fácilmente ignoradas.

 

Jamás pensé que entre tanta gente habría tanto vacío, tanta automaticidad al caminar. No vale la pena pues, asombrarse tanto y reír tanto si solo es para esconder el estoicismo que se lleva por dentro. No. No soy libre aun de esta inconformidad pero ahora sé algo más del mundo y el miedo crece porque no quiero resignarme, y el miedo a veces te salva la vida. Me siento atrapada de nuevo, de repente, como aquellas veces en que el metro se llenaba y temía no alcanzar a tiempo la salida, y tonta porque aquí es donde menos libre se es; las canciones que suenan aquí y allá se mezclan en un solo barullo indefinible, caminar sin detenerse es simplemente un privilegio. Debí darme la vuelta cuando pude y cambiar de dirección,  debí recordar los audífonos que me aislan del ruido del mundo pero ahora es tarde y lo único que busco a estas alturas es el final de este desfile de frustraciones.

 

Así que decidí que voy a regresar. Renovados mis deseos por la calma y la compañía verdadera, aquella que no atenta contra mi propia y necesaria soledad, estoy segura que veré con otros ojos el origen de mis pasos; y quizás en aquellos sitios tan comunes y conocidos por mí me muestren algunos secretos ocultos, secretos camuflados bajo el polvo que este paseo experimental pudo haber sacudido. No más ruidos confusos, ni pasos ni olores extraños, no más del espejismo colectivo de los más desarrollados pueblos, donde hasta mi propia soledad le huye a la gran soledad que recorre este rincón.

 

©DixieDay2018

Taller #sentimientos de “El ojo crítico”, facebook

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Lobo solitario

lobo-solitario

Lobo solitario,

Te empeñas en permanecer lejos,

Jugando con el eco de tu aullido;

Aúllas a una luna que está distante

Igual que tú.

¿Estás feliz donde estás?

Porque escapaste sin que te pudieran alcanzar

Y tu oído agudo no puede escuchar que alguien llama,

Lobo solitario,

¿A dónde vas?


©DixieDay2016

Imagen tomada de Internet